Las palabras quedaron sonando en la cabeza de varios talleristas: “Al periodista le toca escribir una historia tan buena que pareza mentira; al escritor de ficción le toca contar una historia tan buena que parezca verdad”.
Lo dijo el maestro, cerca del cierre de la sesión de la tarde, en medio de las observaciones al último ejercicio.
La frase regresó anoche, en la tertulia de aquella mesa, con las cervezas y las arepas.
Sandra Lafuente P.
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