Él lo llama “el rezo”: como ayer, inaugura el día con unos versos que archiva en la memoria, unos que se repite a sí mismo como un mantra, no por su miedo a los aviones, sino porque le gusta.
El poema de esta mañana es del catalán Jaime Gil de Biedma, más contemporáneo que Machado.
Héctor Abad baja la voz, mira al auditorio casi inmóvil, el pecho abierto:
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Entonces sonríe. Habla de por qué prefiere no decir quién es malo o quién es bueno entre sus estudiantes. “Tenemos que ser capaces de descubrir la música de la que somos dueños”, parafrasea el último verso de un soneto de Jorge Luis Borges que también recita.
Ya está listo para ponerlos a trabajar, con otro mantra: “Son infinitas las maneras de contar una historia/de lo más banal se puede escribir algo interesante”. El texto sagrado es Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau: a partir de anotaciones sobre eventos de un personaje cotidiano en un autobús de la ruta S y en la estación Saint-Lazare de París, el autor aventura noventa y nueve maneras de contarlos.
A los talleristas les toca ahora escribir otras catorce, pero con un recurso literario que se llama sinestesia, la combinación de palabras que se refieren a sentidos diferentes pero que juntas producen un solo efecto sensorial. “Olfateaba el tiempo”, “la gula con que miraba su sombrero”.
Sandra Lafuente P.
9 diciembre 2009 a las 7:01 pm |
me está gustando esta bitácora.
saludos a todos.
13 diciembre 2009 a las 9:36 am |
Cómo me hubiera gustado participar en el Taller con Héctor Abad, uno de mis escritores favoritos, tal vez porque citándolo a él fustigo a más de un estudiante con ideas trasnochadas en torno a la supremacía masculina… Un amigo mío dice que eso de “no voy a cambiar el plural por un solo niño que hay” es un chiste de Abad… ¿Lo es? Porque yo empecé a admirar a su señora madre a partir de esa expresión…
Encantador el poema de Jaime Gil de Biedma que abre este blog, “Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde…/ envejecer, morir,/ es el único argumento de la obra”. Resume esa sensación que se inicia a los 40..? Esa búsqueda de sentido, esos porqués que empiezan a cambiar con el paso del tiempo; o tal vez el darte cuenta que por mucho que hagas en tu vida, hemos venido tal vez solo a “ver pasar la vida”…